Una realidad dolorosa y de alto riesgo social sacude a Ciudad Juárez: el incremento de abusos sexuales cometidos por hombres desde los 10 hasta los 17 años, muchos de ellos dentro del propio hogar, revela una cadena de violencia que no solo crece, sino que se reproduce de generación en generación.
El coordinador del Centro Municipal para la Atención y Trabajo con Hombres y Masculinidades (CEMATH) Jesús Martín Regis Celaya, comentó que ha detectado un aumento sostenido de casos relacionados con prácticas abusivas sexuales ejercidas por niños y adolescentes varones, quienes han sido canalizados a programas de atención especializada tras agredir a otros menores, ya sea a pares o a niñas y niños de menor edad. Se trata de una problemática compleja que, pese a su gravedad, continúa expandiéndose en distintos sectores de la ciudad.
Los hombres jóvenes atendidos se ubican principalmente entre los 14 y 17 años; sin embargo, también se han identificado casos desde los 12 años y situaciones extremas en las que niños de apenas 10 u 11 años han incurrido en conductas sexuales abusivas contra hermanos o familiares más pequeños. Aunque no todos los casos derivan en procesos penales, sí existe una intervención psicosocioeducativa ante la detección de estas conductas.
La violencia sexual entre menores ha dejado de ser un secreto oculto en los hogares. Durante años, este tipo de agresiones permanecieron silenciadas por miedo, vergüenza o presión familiar. Hoy, cada vez más madres y padres deciden denunciar cuando identifican que sus hijas o hijos son víctimas, lo que ha permitido dimensionar una problemática que antes se mantenía en la sombra.
Uno de los hallazgos más alarmantes es la presencia de patrones de abuso sexual transgeneracionales. En múltiples casos, se ha documentado que padres o madres de las víctimas también fueron agredidos sexualmente en su infancia por familiares cercanos, como abuelos u otros parientes, quienes posteriormente repitieron la violencia con la siguiente generación. Este ciclo de abuso heredado agrava el impacto emocional y social del delito.
Cuando agresor y víctima conviven en el mismo espacio, la crisis familiar se profundiza. Las denuncias y resoluciones judiciales suelen provocar rupturas en el núcleo familiar, separaciones forzadas y afectaciones emocionales severas. A esto se suma la dificultad que enfrentan las víctimas para relatar lo ocurrido, ya que entre más cercana es la relación con el agresor, mayor es el miedo a hablar.
En muchos casos, niñas, niños y adolescentes cargan con la culpa de las consecuencias, creyendo que al revelar el abuso provocarán la desintegración de su familia. Este silencio prolonga el daño y dificulta la intervención temprana, mientras la violencia continúa reproduciéndose.
Actualmente, el CEMATH brinda atención a alrededor de 20 adolescentes hombres vinculados a prácticas abusivas sexuales, la mayoría de entre 14 y 17 años, además de al menos cuatro casos que corresponden a edades de entre 12 y 14 años, lo que confirma que la violencia sexual ejercida por menores varones es una realidad creciente y profundamente alarmante en Ciudad Juárez.
Especialistas en atención a víctimas advierten que el abuso sexual cometido por menores de edad, especialmente cuando se origina en entornos familiares, es uno de los fenómenos más difíciles de erradicar. La falta de denuncia, el silencio impuesto y la repetición generacional de la violencia perpetúan el problema. La atención psicológica especializada, la denuncia oportuna y la ruptura de estos ciclos son fundamentales para frenar una crisis que hoy expone una de las heridas más profundas de la sociedad juarense.
